Una ciudad está hecha de calles, monumentos, historias… pero también de pequeños detalles que, aunque a veces pasan desapercibidos, forjan la verdadera personalidad urbana.
En la calle José de Velilla, semiesquina a Velázquez, en pleno centro de Sevilla, Hay un antiguo y minúsculo bar, Blanco Cerrillo, cuya especialidad son los boquerones en adobo.
Desde hace muchos años, el estimulante olor del adobo llenando esa esquina de la calle Velázquez es una de las anónimas señas de identidad de Sevilla, y aún hoy se mantiene, contribuyendo a mantener la cara más agradable, cercana y popular de la tradición sevillana.